Los vinos chilenos se preparan para conquistar el mundo

Con el regreso de la democracia a Chile, el cobre cedió su lugar preponderante en la economía para darle paso a nuevos productos que están dinamizando las finanzas del pequeño país emplazado al sur de Perú y el oeste de Argentina. Ahora, cuando se habla de Chile todos piensan en el sabor de un buen vino.

Durante mucho tiempo el vino chile estuvo asociado con la idea de ser un ‘vino de combate’, es decir, de ofrecer una buena relación costo versus beneficio, pero no mucho más que eso, hoy en día, la situación está cambiando y el gusto de los consumidores, sobre todo del mercado asiático, le está llevando a un nuevo nivel.

A continuación te contaré cuales son las bodegas que están revolucionando la manera de hacer vino en Chile y quienes son los pequeños productores que aunque no manejan el mercado se están arriesgando para cualificar sus vinos.

El fenómeno de los vinos orgánicos y el fair trade

A diferencia de lo que sucede en Europa y el Valle de Napa donde el valor de la tierra y la mano de obra provocan que el costo final de una botella de vino orgánico supere los 50 dólares, países como Chile en los cuales existe todavía mano de obra no cualificada y derechos laborales muy flexibles, es posible producir este tipo de vinos por menos de la mitad de este valor.

Sin embargo, en la medida en que los productores chilenos han ido incursionando cada vez más en este tipo de mercado, han crecido la demanda de sus productos en Europa y Asia principalmente, pero también la preocupación de que el productor real, no esté recibiendo lo necesario para que su trabajo sea económicamente sostenible en el largo plazo.

Esta es la razón por la cual, además de la certificación de ‘vino orgánico’, muchos productores chilenos se han volcado también a la certificación de “fair trade”, que les ha valido la entrada con muchísima más facilidad en el mercado europeo.

Competidores regionales

Argentina y Perú en menor medida, compiten por el mercado internacional de los vinos. El Cabernet y el Merlot argentinos son famosos en todo el mundo y al igual que en Chile, la industria argentina tiene la posibilidad de competir no sólo con calidad, sino sobre todo con precios.

Por su parte, la industria vitivinícola peruana es mucho más joven y parece estarse especializando en vinos de lujo, de hecho, el Plenilunium, un vino peruano ‘boutique’ es de los más famosos del mundo y produce alrededor de 1,500 botellas al año nada más. Se trata de un vino producido con una extraña cepa de uva que estuvo prácticamente olvidada desde la época colonial y que los expertos han llamado “Luna negra”.

No es un mercado fácil, pero la competencia no es necesariamente feroz, de hecho, existen muchos mecanismos regionales de cooperación entre productores, especialmente entre Argentina y Chile, que les ayudan a los productores a acceder a lineas de crédito más accesibles y a llevar su producto sin tantas dificultades a las mesas del mundo.